Comunicado 18/2024 – ALFERRO saca su bola de cristal

La situación actual es muy compleja, cargada de miríadas de intereses contrapuestos tratando de imponer su criterio. El ferrocarril público español siempre ha tenido su estrategia empresarial subordinada y sometida a vaivenes político-sindicales. Pero es que hoy esta dirigencia se encuentra más que nunca ajena al interés del sector ferroviario nacional.

Parece como si todo ya fuera un hecho. No hay RENFE: tan sólo un cofre abierto del que ir sacando el botín a repartir. Mercancías para ti, que eres una naviera muy solvente; Rodalies a ti que me mantienes Presidente; esto otro para la cola de otras CCAA;… Ya está hecho, no hay alternativa.

Aprovechando esta negra situación, las organizaciones sindicales nos volverán a llamar a la lucha. Con las banderas de siempre. Y también los contubernios de siempre. «Ponte firme y pelea, que es hora de ganarse con tortas y esfuerzo la defensa de nuestros derechos». Se pedirán sacrificios en pos de objetivos nebulosos, pero luego la realidad nos mostrará que no se buscaba el beneficio para ningún colectivo: más bien para una pequeña cábala. Derecho a sentarse en la mesa del reparto del pastel. Derecho a que yo esté sentado con los grandes (que algo pescaré). Derecho a que mis subordinados sean los primeros en conseguir sitio en el bote salvavidas. Y quizás incluso derecho a poltrona o tajada.

Vivimos una época mala del ferrocarril, lamentable durante este último verano. Una imagen de los entes ferroviarios públicos en caída libre, con incidencias acabando en vandalismo de puro enfado con la gestión de las mismas. Y el ministro aseverando que es el mejor momento del ferrocarril en España tras la concatenación de las peores de ellas. No ha cabida a más desastres para este Ministerio. La situación se ha deteriorado tanto en tan poco tiempo, y ha sido tan bien difundida por todas partes, que cualquiera trabajaría con ahínco para evitar otro mal trago más. Podría ser el último.

En esta coyuntura, en la que el próximo error puede ser el que colme el vaso y en la que hay que recordar que nos merecemos nuestro sitio en la mesa, en esta coyuntura es cuando nos dirán de mostrar firmeza. Porque la contraparte ya ha recibido mucho golpe. Y se puede sacar más con menos trabajo. Y, así, nos dirán: «Unidad», «Defensa de derechos», «Movilización». Ah, y con mucho «¡!». Salta a la vista que es el momento para reclamar. Vemos unos acuerdos que se mojaron. Vemos sorpresa porque sucediera algo así. Y eso que se advirtió pública y racionalmente de ello nada más leer su contenido con algo de espíritu crítico. Quizás hubo sensatez por una parte y exceso de confianza en la otra.

Habrá de nuevo otro acuerdo, pero muy probablemente igual de mojado que el anterior: grandilocuente pero pobre en contenido. Todo bien informado en tiempo y forma, en tu silla de nuestra mesa. Creemos que no se perfilarán mejoras concretas en la situación general de plantilla alguna. Eso sí, tendremos un nuevo acuerdo de Movilidad como baratija para compensar.

Así parecen ver la situación los sindicatos del CGE: «Todo ya está pactado y amarrado entre los que realmente importan», que desde luego no es ni el personal ferroviario ni el buen uso de la inversión nacional que este sector se ha llevado a lo largo de tantos años. Pero la dirigencia política quedará contenta con sus sindicatos. El país avanza con la paz social asegurada tras largas y sesudas negociaciones. Y nos quedamos con el mismo rumbo: segregación y privatización para todos.

Siempre se ha intentado fragmentar al colectivo ferroviario, porque es cierto que lo logrado en el pasado (y en todo el mundo) fue gracias a la unidad del personal del sector. Unidad que hoy salta a la vista que ya no tenemos. Ni perspectiva. No se suman fuerzas para evitar lo que es evidente que va a suceder. Que primero nos separan en colectivos más pequeños. Y que luego vendrán los recortes. Hubo oportunidades para pelear de verdad, pero no se dio el do de pecho. Duele ver cómo nos intentan vender que se trabaja duro sindicalmente y que gracias a ello se mantienen (¡e incluso mejoran!) las condiciones de trabajo. No es cierto eso de «no hay alternativa», la solución pasa por la lucha pero planteada desde abajo. Con el rumbo marcado por todo el colectivo y no por personas liberadas desde y para siempre. Las movilizaciones que se avecinan, ¿qué objetivo tienen? La partición está más que asumida por los grandes sindicatos: lo que se busca aquí y ahora es el beneficio personal.