Tras la denuncia presentada por ALFERRO, la Inspección de Trabajo de Barcelona ha pillado a RENFE sin los deberes hechos. No hay rastro de evaluación del riesgo por exposición a campos electromagnéticos, a pesar de que el personal de conducción e intervención trabaja a diario rodeado de convertidores eléctricos de alta potencia.
RENFE ha intentado justificar la situación con tecnicismos, papeles sueltos y promesas vagas. Pero la Inspección recuerda que la ley exige evaluar el riesgo para los trabajadores, no para los trenes. Según el Real Decreto 299/2016, cuando hay posibilidad de exposición a campos electromagnéticos, la empresa está obligada a evaluar ese riesgo y aplicar medidas preventivas. RENFE no lo ha hecho.
Por ello, se le ha requerido que realice un muestreo representativo en todas sus sociedades, pese a que llevan años sin mover un dedo. Y no, no basta con decir que el material está homologado, eso no sustituye la evaluación específica del riesgo para los trabajadores.
No es lo mismo una exposición puntual que pasar varias horas al día, todos los días, a escasa distancia de fuentes emisoras. La evidencia científica señala que, dependiendo del nivel y duración de la exposición, los campos electromagnéticos pueden provocar desde molestias sensoriales (como vértigos, hormigueo o percepción de destellos luminosos), hasta posibles efectos a largo plazo como alteraciones neurológicas, estrés fisiológico, trastornos del sueño, fatiga crónica o incluso riesgo de enfermedades más graves si se superan ciertos umbrales durante periodos prolongados. Y todo esto, sin que RENFE haya evaluado absolutamente nada.
Desde ALFERRO nos alegramos de que, por fin, alguien exija a RENFE lo que debería haber hecho desde el minuto uno. Estaremos vigilantes, porque no vamos a permitir chapuzas, mediciones mal hechas ni evaluaciones a puerta cerrada. Este proceso debe hacerse con transparencia y participación sindical.